Tocar la tierra. Esa es mi propuesta. Acariciarla, prepararla para engendrar. Comenzamos por la mañana, después del desayuno: radio prendida, instrumentos de huerta en mano, hacer un cantero en el jardín (si vivís en un departamento podés hacerlo en una maceta), y organizar un grupo de plantas aromáticas para la cocina: albahaca, romero, orégano, salvia, entre otras tantas. En los viveros venden plantines y semillas. En los super también hay semillas. Es buena la alternativa de plantar tomates, pimientos... La clave es tocar la tierra, una costumbre casi olvidada por muchos de los que vivimos en este castigado planeta. Y añorada por otros muchos que sólo ven cemento alrededor, en las veredas, en todas partes, hasta en los parques. La propuesta es volver a sentir esa textura de la tierra, única, mágica, que te hace olvidar otras preocupaciones y desaloja tensiones. Y si tenés hijos, tanto mejor para hacerlo en familia.
Mientras tanto, la radio, que acompaña y deja hacer, te ofrece música y noticias. Si sos matero, ya estás completo para la jornada matinal, que podría extenderse por la tarde, ya que las posibilidades son casi infinitas en el jardín, o en la huerta, o en el cantero o la maceta. Si estoy en lo cierto, seguro que por la tarde los chicos irán a echarle una mirada a la tierra para ver si ya salió algún brote.
Y por la noche, si andás caminando por el centro, te estremecerá ver cómo se están muriendo de sed las plantas de las peatonales. La solución es una sola: echarle agua al cantero. Casi nadie lo hace. Alguna vez leí que los pueblos que cuidan los árboles son pueblos que aman la vida. LA GACETA ©